viernes, 6 de marzo de 2015

DE NEOLIBERALISMOS Y DISONANCIAS COGNOSCITIVAS

Leon Festinger, uno de los más reputados psicólogos sociales, llevó a cabo un experimento, allá por los años 50, para demostrar la validez de su teoría de la disonancia cognoscitiva. La disonancia cognoscitiva ocurre cuando aparecen en nuestras mentes dos ideas antagónicas. Ante esta incómoda  situación, en un intento tipo homeostático por reestablecer el equilibrio, nuestra mente intenta resolver el conflicto, y para ello, una de las ideas tiene que prevalecer sobre la otra, es decir, una idea debe ser reforzada y la otra idea debe ser relegada a las sombras. Pongamos un ejemplo para que quede claro. Imagina que sientes adoración por una persona, que es una referencia en tu vida y un semidios para ti. Imagina que, después de haberlo adorado por activa y por pasiva, se descubre que esa persona era realmente un canalla. ¿Cómo te sientes? Existe un conflicto entre la idea que tenías de esa persona y la realidad que, como siempre, ofrece una imagen bien distinta. Ahora tienes dos opciones. O repudias a esa persona y reconoces tu error de juicio, o bien intentas buscar todo tipo de argumentos para justificar su comportamiento y, así, autoafirmarte en tu posición inicial. La disonancia te ha obligado a tomar una decisión y eso te ha transformado como individuo. En suma, o bien abandonamos nuestras creencias o bien hacemos todo lo posible para reafirmar nuestros principios con mayor convicción . Este mecanismo es el que describe la teoría de la disonancia cognoscitiva.

Ahora continuemos con el experimento de Festinger. En los años 50 existía en USA una secta de flipados apocalípticos, "the seekers", que creían profundamente que los alienígenas iban a acabar con el mundo y que solo una minoría selecta podría salvarse. Esta minoría eran, claro está, los miembros de la secta, que habían dejado sus trabajos y familias convencidos de que se iban a vivir a otro planeta. Incluso tenían una fecha sobre cuándo iba a suceder todo esto, el 21 de diciembre de 1954. Así es cómo  Festinger y los suyos vieron la oportunidad de poner a prueba su teoría. Querían comprobar lo que iba a suceder una vez quedase claro que los alienígenas no vendrían y que el mundo continuaría su curso. Habían encontrado la oportunidad perfecta para observar en directo lo que pasa cuando las profecías se desmoronan y las personas  tienen que asimilar y gestionar la falsedad de sus presupuestos ¿Qué sucedió entonces? Lo primero que sucedió, en esa casa donde todos los de la secta se reunieron a esperar a que los alienígenas vinieran a por ellos, es que la líder, tras muchas horas esperando, llorando entró en trance, un trance de esos en los que tu mano es poseída por alienígenas y escribe automáticamente. Y la mano dejó un mensaje escrito en el que se decía que debido a la gran demostración de fe de los creyentes de la secta el planeta tierra había obtenido el perdón alienígena. Ante tal espectáculo, muchos volvieron a sus casas decepcionados y arrepentidos de haberse tragado un cuento chino, demostrando que cuando los hechos cambian tal vez lo más juicioso sea cambiar de ideas. Pero a muchos otros lo de cambiar de ideas les resultaba doloroso, sobre todo cuando se había estado muy comprometido con ellas. Entonces, y aquí viene lo interesante, se observó cómo, lejos de abandonar sus creencias, estas personas las reforzaron hasta el proselitismo, es decir, que para autoreafirmarse ante la evidencia de su error, no solo intentaron autoconvercerse a si mismos  sino que, además, intentaron convencer a muchas otras personas de sus nuevos argumentos, pues si es posible persuadir a más gente de que tu idea es la correcta entonces es que debe ser, al fin y al cabo,  la idea correcta. Como vemos, para mantener una alucinación se hace necesaria otra.


¿Y qué tiene que ver el neoliberalismo con la disonancia cognoscitiva? Muy sencillo. Los neoliberales son una secta, también conocidos como fundamentalistas del mercado. Desde los últimos 40 años y de forma global el neoliberalismo es la práctica económica dominante.  Se lleva ejerciendo, en sus distintas modalidades, con intensidades variadas y  con resultados diferentes, según los países.
El neoliberalismo surge para darle un impulso a las estancadas economías de tipo keynesianismo de los años 70. Surge para rescatar al capitalismo en crisis, al igual que hizo el keynesianismo tras la 2ª guerra mundial. Lo que sucede es que el rescate se hace en clave teórica neoliberal. El discursoneoliberal lleva desde los años 40 desarrollándose y esperando su oportunidad. Así, en nombre de un liberalismo perfeccionado se desregularizan los mercados, se globaliza la economía,  se deslocaliza la producción, se financiariza la economía, se privatiza lo público y lo común, se disciplina al trabajador, se bajan los impuestos a los ricos y se los rescata cuando explotan las burbujas, aparecen los estados deuda y la deudocracia donde los países ya no tienen margen de financiación y someten la soberanía nacional a la voluntad de los mercados y las políticas de ajuste que imponen, con lo que se despolitiza la economía y se desdemocratiza la política. Todas esas medidas que se empezaron a tomar entonces nos han traído hasta la crisis de hoy en día, y es por ello que son ahora los presupuestos neoliberales los que la crisis ha puesto en duda. Estamos ante ese momento en el que la  validez de la profecía neoliberal es desenmascarada por una realidad que señala con el dedo a un rey que va desnudo. A pocos meses de la crisis financiera de 2008 los neoliberales presumían de cómo los mercados habían conseguido gestionar el riesgo de los mercados y diseñar la ingeniería de un sistema financiero estable, a esto se lo denominó como "la gran moderación", hito histórico donde lo hubiera donde las crisis eran ya cosa del pasado.  Así el neoliberalismo  ha venido vendiendo con gran éxito que la estabilidad, el bienestar y la libertad son los productos inequívocos del mercado. La realidad nos ha ofrecido una visión  más cruda y bien distinta, un modelo teórico roto ante la crisis sin precedentes que el mismo modelo ha ayudado a crear. La profecía neoliberal no prometía crisis, ni países esclavizados por sus deudas, ni  terrorismo financiero, ni neo-feudalismo y plutocracia, ni  anarco-capitalismo,  ni capitalismo autoritario, ni austeridad,   ni paro,  ni precariedad de las vidas, ni futuros inciertos, ni desigualdad y pobreza crecientes, ni desmantelamiento del bienestar, en suma, socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios por parte de las élites extractivas en su proceso de acumulación por desposesión.  Así es cómo cae la profecía, por su propio peso empírico. Ante esta situación de disonancia,  ante esta sobredosis de realidad,  algunos miembros de la secta neoliberal deberían empezar a cuestionar sus argumentos y a buscar otros nuevos. Por otro lado tenemos a todos los demás, a aquellos  que prefieren empezar a reafirmar sus posiciones equivocadas. A lo que asistimos hoy en directo es parecido a lo que Leon Festinger analizaba en los años 50. Un culto cuyas creencias se han visto desmentidas por la realidad tiene ahora que resolver la tensión de un conflicto cognoscitivo.  La cuestión es que, en este caso, hay una diferencia de escala importante, ya que resulta que el culto, la secta neoliberal, no es precisamente minoritaria y freaky. El neoliberalismo ocupa una posición  más bien hegemónica en nuestra cultura, es una racionalidad que opera a todos los niveles,  es el sentido común,  la voz de la opinión pública y parte de nuestras subjetividades. Lo cual hace del asunto algo mucho más interesante. Contemplamos, ya desde 2008 cuando estalló la crisis, cómo una sociedad lucha por asimilar una realidad que no encaja precisamente con sus puntos de vista. Vemos cómo reacciona una cultura ante una realidad contradictoria que erosiona, con evidencia, la estabilidad lógica de sus principios. ¿Cómo reacciona una sociedad cuando mueren sus profecías? Muy sencillo, dando a luz a otras. El neoliberalismo no solo se defiende sino que pasa al ataque creando  toda una serie de contrarrelatos, argumentaciones y excusas  para seguir defendiendo lo indefendible, y así, el discurso se hace más rico pero también se radicaliza. De esta forma se despliega un ataque frontal  contra los ciudadanos a los que se culpa de haber vivido por encima de sus posibilidades y de ser un tanto vagos. También el estado, la soberanía popular, la democracia o la justicia social  son vistos como grandes responsables de la crisis por sus interferencias en el funcionamiento de los mercados. Con todos estos argumentos y posicionamientos varios se conforma un relato que es expandido y repetido hasta la nausea por medios de comunicación, políticos e instituciones financieras, un relato bálsamo que ayuda a suavizar el conflicto mental, un mecanismo que permite cerrar los ojos y seguir creyendo aún con más fe. Como vemos, se trata de adoptar una estrategia proselitista, de cantar alto la misma canción y repetir la mentira una y otra vez hasta que se torne verdadera,  porque, al fin y al cabo, si todos creen en lo mismo no pueden estar todos equivocados. Así, si la teoría no encaja con la realidad, se reza a la mano invisible para que la realidad encaje con la teoría. Toda alucinación necesita de otras alucinaciones para sostenerse en pie al igual que un alucinado necesita que otros también estén alucinados para quedarse más tranquilo. Esto es lo que la medicina  neoliberal nos ofrece como tranquilizante.